domingo, 29 de enero de 2012

Primer Aniversario

Es increíble lo rápido que pasa un año en la vida en el Planeta Tierra. Se suceden alegrías, tristezas, viajes, trabajo, amor, amistad, muertes, nacimientos y muchísimas cosas más. Doce meses parecen ser una gran cantidad de tiempo, pero vistos hacia atrás, se revelan como un período sumamente breve.
El viernes pasado Mala Prensa cumplió un año de existencia. Si bien, y acorde con lo mencionado en el párrafo anterior, ese lapso de tiempo suele pasar (y de hecho lo hizo) a alta velocidad, es mucho más de lo que esperaba a la hora de comenzar el blog allá por el, ahora lejano, verano del 2011. En ese lapso pude escribir y publicar sobre todo lo que tuve ganas, con total libertad, con lo cual puedo decir que el objetivo fue cumplido ampliamente.
Con estas líneas simplemente quiero expresar mi gratitud a todos los que leyeron, comentaron y apoyaron de distintas maneras, y expresar mi deseo de que continúen haciéndolo como hasta ahora o incluso más activamente.
¡Gracias por todo!
Continuaremos conectados durante este 2012 que recién comienza: Mala Prensa: Año 2.

sábado, 21 de enero de 2012

Una de piratas

Ayer nos desayunamos con la noticia del cierre de Megaupload, en un operativo que involucró al FBI y que no es más que otro paso en la "lucha" de ciertos sectores empresariales contra lo que ellos denominan piratería.
Para los que no están enterados, Megaupload era un sitio en el que se podían subir distintos tipos de archivos (muchos de los cuales eran películas, libros o discos), y desde allí podían ser descargados por cualquier usuario con acceso a Internet. Sitios como éste hay a montones circulando por la web. Lo que nos lleva a preguntarnos ¿se trata de un caso testigo? ¿es el primero de muchos?
En los últimos tiempos se ha revitalizado el debate sobre la libre circulación de información y archivos en la red, el copyright; y distintos modelos de negocio (muchos de ellos obsoletos), entre los usuarios, ciertas compañías y sitios de Internet, por un lado, y grandes empresas multinacionales (discográficas en su mayoría), gobiernos (presionados por supuesto por las empresas), por el otro. Los artistas de distintos campos que se ven afectados por la descarga de sus producciones se han mostrado tanto a favor como en contra de dichas descargas.
Muchas veces el debate se plantea como defensa de los músicos por parte de las discográficas, de los escritores por parte de las editoriales, de los trabajadores por parte del gobierno. Pero, ¿es realmente así? ¿No se trata, en realidad, de la defensa acérrima de sus intereses económicos? En todo caso dicha defensa no tiene nada de ilegal, sin embargo, las propias empresas son reacias a reconocerla. Por supuesto, podemos adivinar, tendrán sus razones para enmascararla.
Así, y por supuesto con todo el poder de su parte, los defensores del copyright han ido logrando "bajar" ciertos sitios (napster, audiogalaxy, emule, etc.) como forma de combatir la piratería. En nuestro país, incluso, se ha llegado a procesar a los dueños del sitio Taringa!. Por supuesto que estas medidas son tan efectivas como querer agarrar toda el agua de un río con las manos.
Por la razón enunciada precedentemente, es que en distintos países se ha optado por recrudecer la "lucha contra la piratería". Primero fue en España con la llamada "Ley Sinde" (Ley de Economía sustentable), que entre otras cosas, apuntaba a regular (de manera por demás discutible) la descarga de contenidos en la web; ahora es en EEUU, a través del SOPA (Stop Online Piracy Act), que directamente apunta a la censura, y al monitoreo permanente de lo que sucede en la red. Una vez más los paladines de la justicia y la libertad, restringen lo que dicen proteger.
Ante este estado de cosas, los usuarios y ciertas compañías defensoras del copyleft (exactamente lo contrario al copyright) se han manifestado al rededor del mundo en contra de estas medidas de diferentes maneras. Para citar un ejemplo, uno de los sitios más grandes de información compartida, Wikipedia, decidió discontinuar sus actividades por un día la semana pasada, como protesta ante inminente tratamiento del SOPA por el Congreso del "gran" país del norte.
Para cerrar me gustaría reproducir una pequeña frase que se dijo a propósito del debate sobre la propiedad intelectual en la industria musical: "la música es gratis". Esta breve afirmación no tiene como fin servir como una declaración de principios, sino ilustrar una situación que se está dando día a día en el mundo. No dice que la música debe, puede o tendría que ser gratis, se trata de un reflejar lo que se da en los hechos. Y como siempre, cuando los hechos superan ampliamente al derecho, es este último el que debe adaptarse. Son los grandes dinosaurios, defensores de un modelo de negocio obsoleto, quienes se encuentran en serio riesgo de desaparición a menos que se reinventen a si mismos, no la música, que va a seguir existiendo mientras haya artistas en la Tierra.  

viernes, 13 de enero de 2012

Los distintos mundos de Haruki Murakami

Suele pasarle a aquel que disfruta de la lectura de un libro, tener algún escritor predilecto. 
En ciertos casos existen autores que nos atrapan sin efectismo, ni estridencias, solo valiéndose de historias simples (aunque mas no sea en apariencia), aunque recurran en ocasiones a elementos fantásticos. Otros logran captar toda nuestra atención incluso tratando temas que a priori parecieran no interesarnos. Por último, puede darse que determinadas obras nos dejen una grata sensación al terminar de leerlas. Un estado disfrutable que nos sume en un sentimiento que oscila entre la reflexión y el placer. 
Por supuesto, son contados con los dedos de una mano los casos en los que estas tres características se dan en forma simultánea. Y justamente es lo que me ocurre cada vez que leo un libro del escritor japonés Haruki Murakami. 
Nacido en Kyoto en el año 1949, hijo de dos profesores de literatura, Murakami se ha ido convirtiendo obra tras obra en un autor reconocido mundialmente. 
Si hubiera que ubicarlo dentro de algún género (entiéndase esto como un ejercicio realizado para facilitar la comprensión del lector de este artículo), podría decirse que toma elementos del surrealismo, y del realismo mágico (este último elemento lo emparenta fuertemente con Gabriel García Márquez). 
Tiene en su haber una gran cantidad de libros, aunque desafortunadamente no todos fueron traducidos al español aún. Los lectores mas ávidos, sin embargo, pueden conseguirlos en inglés. 
Los temas más abordados tienen que ver sobre todo con la soledad, la muerte (en sus diferentes aspectos), la vida, por supuesto, el ingreso a la adultez, y la alienación propia de su generación. Abundan en sus textos los personajes de construcción compleja, y las referencias literarias y musicales. Muchos de sus relatos, por otro lado, se encuentran envueltos en un halo de nostalgia que los vuelve sumamente atractivos (al menos desde mi punto de vista). 
Criticado en su país de origen por ser demasiado "occidental" (de hecho muchas de sus influencias lo son), desde esta parte del mundo parece que su perspectiva oriental es lo que lo hace especial. 
Además de novelas, Haruki ha escrito gran cantidad de cuentos y ensayos que engrosan su obra literaria. 
Entre su extensa bibliografía quizá los títulos Kafka en la orilla (2002) o Tokio Blues: Norwegian Wood (1987) sean los más adecuados para comenzar a adentrarse en el mundo Murakami. Entre otras obras recomendables se encuentran After Dark (2004), El fin del mundo y un despiadado país de las maravillas (1985, con ese título se vuelve irresistible), y el biográfico De qué hablo cuando hablo de correr (2007). Cabe aclarar que esta última no se trata de una obra de ficción. 
Espero que esta pequeña entrada haya bastado para lograr que la próxima vez que algún eventual lector quiera comprar un libro, elija uno de Haruki Murakami, seguramente no se va a arrepentir.


lunes, 2 de enero de 2012

Adiós a Cuál Es?

Es difícil de entender cómo funciona la psiquis del ser humano. Muchas veces dejamos de hacer ciertas cosas por la razón que fuera, pero cuando ya no están a nuestro alcance las extrañamos o nos sentimos mal por perderlas.
Tal es el caso de algunas cosas que nos acompañaron durante un periodo importante de nuestras vidas, como es la adolescencia.
Cual Es? Fue un programa de radio que escuché casi todas las mañanas de mi vida entre 1998 y 2008. Estos 10 años abarcan todo mi paso por el secundario y 2/3 de mi carrera universitaria, con varios años de trabajo incluidos.
Como habrá pasado con muchos de los que lean, no fui un radio escucha de la primera hora. Dado que el programa ya tenía varias temporadas en el aire de la Rock and Pop la primera vez que lo escuché. Y ni siquiera recuerdo bien qué fue lo que me llevó a posar el dial por primera vez en la 95.9, probablemente alguna recomendación de un compañero del secundario.
Si bien hace ya varios años que deje de escucharlos, es imposible no sentir como algo propio la ausencia de un programa que alegró y acompañó mis mañanas durante tanto tiempo. 
Por allí desfilaron grandes personajes como Mogui, el Panza, el Dr. Daniel Araoz, Armando Samarbide, los Gauchos, el Osito Mimosito, Cupido, E.T., Chewbacca, el cocinero Iñaki Melenda y muchos otros. Hay secciones que serán difíciles de olvidar, y que con solo nombrarlas provocan la sonrisa (cuando no carcajada) de quien alguna vez las escuchó. Me refiero al Radioteatro del Mediodía, Hay una Bocha de Páginas, la Barra del Colo, el Depo Ortivo, las Mogui Aventuras, entre varias más. 
Por supuesto que no todo era risas, y había espacio para la información sobre la escena musical actual e interesantes revisiones de la historia del rock, tal es el caso del Info Cuál es? conducido por Olmedo y la Casa del Rock Naciente presentada por Alfredo Rosso, respectivamente.
En tantos años escuchamos pasar un sinnúmero de secciones, personajes, entrevistas, viernes de limadura, pero siempre (o casi) estuvieron Mario, Eduardo y Marcelo para entretenernos, informarnos, bardearnos, emocionarnos y divertirnos. Mucha gente coincidirá en que una de las mejores partes del programa era su comienzo. Desde las 9 hasta un poco antes de las 10 se charlaba de cualquier tema, casi como en una conversación de amigos, y era imposible no sentirse parte y llegar en varias oportunidades a encontrarnos contestándole a la radio, aunque sabíamos bien que nadie nos estaba escuchando. 
 Todo lo arriba expuesto intenta explicar la razón de ese sabor amargo que nos quedó al enterarnos que Cuál Es? había llegado a su fin. Seguramente habrá una gran cantidad de gente que se quedó huérfana, sin su programa de cabecera. Muchos de ellos escucharan los nuevos proyectos de Mario (Vorterix) y de Eduardo (de noche por la R&P). Sin embargo, nos invade la sincera convicción de que las mañanas ya no serán como antes, y que el espíritu de ese gran programa será solo un grato recuerdo.



lunes, 26 de diciembre de 2011

Martes

Después de pasar un buen rato dando vueltas en la cama procurando infructuosamente volver a conciliar el sueño, decidió mirar la hora en el viejo reloj despertador que adornaba su mesita de luz. Comprobó para su disgusto que eran las 6.58 de la mañana, y faltaban apenas dos minutos para que comenzara a sonar. Apagó la alarma, después de tantos años escuchándola al despertarse le había tomado cierta aprensión.
Se levantó sin preámbulos, recorrió el escaso trecho que separaba su cuarto del baño y prendió la ducha. Pensaba que era imprescindible bañarse antes de salir para poder despabilarse un poco, aunque a esta altura se trataba casi de un movimiento automático.
El café de la mañana tenía un dejo amargo, lo apuro mientras prendía la tele. El cable nuevamente andaba mal, la imagen estaba congelada. Estaba cansado de este tipo de problemas, más si se tiene en cuenta que no es un servicio barato.
Bajar tres pisos por escalera todas las mañanas y subirlos a la tardecita era lo que él consideraba ejercicio. Le pareció raro no cruzarse con el portero al salir. Los primeros rayos de sol se colaban entre las nubes dándole al cielo ese tono cálido que precede a una clara mañana de primavera. El silencio de la calle no le preocupo demasiado, el pasaje donde vivía jamás se había caracterizado por ser muy concurrido.
Sin embargo, al doblar en Rivadavia algo llamó poderosamente su atención. No se trataba de la cantidad de autos que poblaban la avenida produciendo embotellamiento, eso era normal a esa hora de la mañana. Lo chocante era la falta de ruidos, ni un motor en marcha, ni un bocinazo, nada excepto el sonido de sus pasos. Algo parecía indicar que esa mañana de martes no sería como las demás.
No tardó en darse cuenta que había otro gran ausente en esa escena: el movimiento. Nada se movía excepto él. Ni brusca ni levemente. Quietud y silencio total.
Entre las ideas que pasaron sobre volando su cabeza en poco más de un segundo (descartó de plano la locura), la hipótesis de estar soñando parecía la más acertada. Sin embargo, no podía ser posible, no solo porque jamás había tenido un sueño como ese, sino porque todo se sentía real, casi demasiado real.
Caminó en soledad por una inmóvil Rivadavia, todavía conservando la esperanza de que todo se tratara de una broma de mal gusto o algún producto de su imaginación. Esperanzas que vio desplomarse cuando divisó en la entrada de la estación Río de Janeiro de la línea A del subte unas 8 o 9 estatuas (después comprobaría que eran personas) apostadas en forma irregular a lo largo de la escalera. Se acercó a una de ellas y la saludó. Al no tener ningún tipo de respuesta, la tomó del brazo, primero suavemente, luego de manera brusca. Estaba desesperado por obtener algún tipo de reacción de esa cara inexpresiva, cuyos ojos parecían irremediablemente perdidos en el infinito.
Las próximas tres cuadras las recorrió corriendo, al tiempo que chocaba y empujaba a cuanta figura inmóvil se interponía en su camino. La falta de sonido y movimiento era más de lo que podía soportar.
Recordó aquellas viejas películas y novelas de ciencia ficción que tanto disfrutaba de adolescente. Nunca se hubiese imaginado lo terrorífico que podría resultar ser el protagonista de una de ellas.
Detuvo su carrera en la intersección de Rivadavia y Bulnes. No tenía sentido seguir deambulando sin rumbo. Necesitaba pensar, aunque no sabía bien en qué.
Entró en el primer bar que encontró. La escena: parecida a la de la calle. Los mozos completamente inmóviles, al igual que los clientes, le daban al local un aspecto similar a lo que pensó sería un museo de cera. Aunque realmente jamás había estado en uno.
Se preguntaba si sería el único capaz de moverse, si estaría completamente solo en ese lugar absolutamente estático. De pronto se levantaba delante suyo un mundo completamente nuevo. Esa visión le resulto aterradora.
Aburrido de la tan concurrida soledad del bar decidió ponerle un coto a sus fantasías al mejor estilo cine catástrofe, y abandonarlo. Sin rumbo alguno, pero con todos los destinos posibles, vagó en busca desesperada de vida. No quiso continuar por Rivadavia, no solo su inmensa quietud le daba escalofríos, sino que lo impresionaban todas esas caras inexpresivas que la poblaban. ¿Advertirían su presencia? ¿Se percatarían de que mientras ellos permanecían prisioneros de sus propios cuerpos, había alguien allá afuera que aún era libre? ¿Habría alguien más en algún lugar de la ciudad en su misma situación? No tenía las respuestas, ni creyó poder encontrarlas. Sin embargo, había otro interrogante que le preocupaba mucho más, ¿cómo sobreviviría a este extraño fenómeno?
Las campanadas de alguna iglesia no muy lejana anunciaron las 12 del mediodía. El tiempo vuela cuando la desorientación y el caos dominan la situación. Recién llegado ese momento pensó en su familia y amigos, ¿estarían también congelados? Como un reflejo tomó el celular para comunicarse con ellos. Por supuesto que estaba sin señal. Abstraído en sus cavilaciones, tratando de decidir cuál debía ser su próximo movimiento, tardó unos segundos en percibir el débil sonido de una voz que, sin embargo, iba tomando volumen a medida que pasaban los segundos. Era definitivamente una voz femenina, y estaba cantando.
Se escondió detrás de uno de los autos que adornaban la calle. Su corazón comenzó a latir con fuerza. Los últimos instantes le resultaron eternos. Cuando la vió aparecer, entonando ese canto angelical, se quedó sin palabras. No podía decir que fuera hermosa, al menos no en el sentido convencional de la palabra. Un halo de luz la cubría, como si de un ser celestial se tratase. La observó, con una extraña mezcla de atracción y rechazo, mientras ella iba recorriendo los cuerpos inmóviles, tomando algunos elemento de aquí y de allá. Desde su lugar no pudo distinguir qué era lo que estaba recogiendo. Sintió el impulso de ir a su encuentro, de preguntarle si sabía qué era lo que estaba pasando, pero temía que al interrumpirla el hechizo se desvaneciera.
Resignado a su cobardía, comenzó a caminar lentamente en sentido contrario, hasta perderla de vista. Hubiese jurado que mientras emprendía su agónica retirada la había escuchado susurrar su nombre, pero lo atribuyó a su imaginación.
Apenas había caminado una centena de metros, cuando cambió de parecer y decidió enfrentar a aquella solitaria dama. Sin embargo, al volver sobre sus pasos ella ya no estaba. Había perdido la única posibilidad de hablar con alguien que se le había presentado. Alguien que, quizá, poseyera alguna respuesta.
Algo irritado consigo mismo, pasó el resto de la tarde intentando encontrarla. Caminó varios kilómetros en distintas direcciones, al tiempo que la llamaba en voz alta (aún sin saber ni siquiera su nombre). En ciertas ocasiones le pareció oír el susurro de una voz femenina en su oreja, llamándolo. ¿Sería un indicio de locura?
Aunque estaba seguro que era inútil, no paraba de preguntarse por qué no había sido capaz de reaccionar. Conocía la respuesta, era su modo habitual de proceder ante lo desconocido, incluso contra su voluntad.
Cuando comenzó a atardecer se encontró caminando sin rumbo por la avenida Pedro Goyena. Desesperado por su infructuosa búsqueda, y realmente agotado de tanto andar, se sentó en el portal de un lujoso edificio. Sus ojos se cerraban, a pesar de que trataba de mantenerlos abiertos, casi como si tuvieran vida propia.
Volvió a abrirlos al escuchar que una mujer pronunciaba su nombre. Reconoció la voz al instante, era ella. Por supuesto, no estaba allí. Sobresaltado miró su reloj, eran las 6.58. Sintió una inmensa alegría al ver el desfile ruidoso de autos que atestaban la calle. Aún era temprano para ir a trabajar y no se encontraba lejos de la oficina. Ingresó en un bar, pido un café con leche, dos medialunas, y el diario.
Mientras desayunaba, se percató de que le habían llevado el diario del día anterior. Al hacerle notar esta confusión al mozo, éste con una siniestra sonrisa en el rostro y mirándolo profundamente le dijo: "Hoy es martes, siempre lo fue. Algunas personas se empeñan en desaprovechar el tiempo que se les concede".

domingo, 18 de diciembre de 2011

La Navidad y sus Películas


Muchas veces la Navidad nos toma por sorpresa. Caemos que nos acercamos al mes de diciembre y a su celebración gracias a que miles de locales de la ciudad se llenan de adornos alegóricos antes de que comience incluso el mes de noviembre. Y es en ese momento cuando las típicas frases (que se repiten año tras año) se comienzan a escuchar: "que rápido que pasó el año", "increíble que ya esté por llegar la Navidad", "dentro de poco vamos a estar comiendo vitel toné otra vez", entre muchas otras. 
Pero no solo la venta de adornos, los arbolitos (que suelen ser gigantes) en los shoppings y el espíritu (?) de la gente nos suele recordar la cercanía de la fecha, sino también la televisión. No importa si la empresa de cable a la que estamos suscriptos ofrece más de 200 canales, siempre para la segunda quincena de diciembre empiezan a rotar una y otra vez las mismas películas navideñas de todos los años. Y la paradoja es la siguiente: incluso cuando nos confesamos cansados de ver dichos films, volvemos a encontrarnos con ellos y no podemos evitar mirarlos, aunque más no sea por un rato. 
Las razones pueden ser muchas, y cubrir un amplio abanico, que va desde atribuirle a dichos films una improbable capacidad magnética que impide que cambiemos de canal, a considerar que se trata de obras que nos han acompañado, en muchos casos, casi toda nuestra vida, y albergamos un lugar especial para ellas en nuestro corazón (?), más allá de su dudosa calidad. 
Mi intención en este post es recordar alguna de esas pelis, que seguramente veremos dentro de poco en alguno, cuando no en varios, de los 200 canales de cable que hay dando vueltas por ahí. Para realizar esta tarea, me dispuse a seleccionar los tres films que considero los más representativos de esta época del año. 
Macaulay y los ladrones
Mi Pobre Angelito (Home Alone, 1990) y su primer secuela , se han convertido con el correr de los años en verdaderos clásicos navideños. En la primer entrega, que es la que nos ocupa, se cuenta la historia de Kevin McCallister (Macaulay Culkin), quien por un descuido de su, bastante desordenada, familia es olvidado en su casa, cuando el resto se disponía a tomar un avión para pasar la Navidad en París. El olvido recién es descubierto por su madre (Catherine O'Hara) en pleno vuelo. La cosa se complica más cuando dos ladrones (los geniales Joe Pesci y Daniel Stern) deciden aprovechar que la casa está casi vacía para intentar, infructuosamente, robarla. A partir de ahí, el film nos cuenta la resistencia del niño ante los ladrones y las dificultades que tiene la madre para volver al encuentro de Kevin. La peli, desde mi punto de vista, merece ser mencionada por tratarse de una obra que me ha acompañado desde los 5 años de edad, logrando siempre sacarme una sonrisa. Seguramente a más de un lector le haya provocado el mismo efecto. 
Susan con ¿el verdadero? Papa Noel
Otro film que merece ser mencionado es la producción de 1994 llamada Milagro en la Calle 34 (Miracle on 34th Street, 1994). Vale aclarar que se trata de una remake de la película con el mismo nombre estrenada en 1947, y gira alrededor de un juicio en el que se intenta probar que Kris Kringle (Richard Attenborough), un empleado que personifica a Santa Claus en una tienda, y que es acusado de agresión, es el verdadero Papa Noel. Para lograrlo cuenta con la ayuda del abogado Brian Bedford (Dylan McDermott), novio de su empleadora Dorey (Elizabeth Perkins), y de la pequeña hija de esta última Susan (Mara Wilson). La peli intenta (y por momentos lo consigue) devolver a los personajes y a los espectadores el espíritu navideño, apelando la creencias muy arraigadas de nuestra infancia. Si bien tiene toques de comedia, apela claramente a la emoción. 
Por último, quisiera incluir una obra del año 1988 conocida en nuestras pampas como Los Fantasmas Contraatacan (Scrooged, 1988). Como su nombre en inglés lo indica, se trata de una modernización del clásico relato de Charles Dickens, Cuento de Navidad. Esta vez, la historia nos sitúa en un estudio de televisión, donde un detestable Frank Cross (el gran Bill Murray) es el gerente de programación. En poco tiempo nos enteramos de su gran riqueza, y su crueldad, característica que lo ha llevado a distanciarse de su familia, y del amor de su vida Claire Phillips (Karen Allen). Todo lo cual, lo convierte en un perfecto candidato para recibir la visita de los tres fantasmas de navidad (presente, pasado y futuro), que le permitan apreciar su vida, la de sus seres queridos, y la de algún empleado atormentado por el propio Cross, en perspectiva, y logren un cambio en su triste vida. Una historia en clave de comedia con una moraleja para toda la familia. 
Estos tres ejemplos son los que más me marcaron, probablemente por ser los que más he visto. Hay cientos de películas más sobre navidad, algunas mejores, otras peores, algunas inolvidables, otras sumamente olvidables. Seguramente cada uno tendrá su favorita. Lo importante es poder compartirlas con todos ustedes.      

sábado, 10 de diciembre de 2011

A reeditar que se acaba el mundo


Millones de palabras se han escrito sobre la crisis de la industria musical, su declive, y de cómo ésta debe reinventarse. Tarea que, de acuerdo a los ejemplos obtenidos de la realidad, suele ser sumamente compleja. Sin embargo, hoy podemos decir que las discográficas han encontrado una veta que les permite seguir viviendo de esos clásicos inoxidables que alguna vez las convirtieron en grandes imperios. Me refiero a las reediciones.
Las reediciones de The Beatles, siempre un negocio
En los últimos años hemos asistido, como escuchas, a una oleada inédita de nuevas ediciones de viejos discos con distintas excusas. En algunos casos se trata de ediciones denominadas definitivas (quizá tenga que ver en esta definición las consideraciones realizadas sobre la inminente muerte de la industria), o se aprovechan aniversarios de la salida de ciertos discos emblemáticos, o simplemente se decide publicar nuevamente toda la discografía de alguna banda importante.
En este punto al lector podría surgirle la siguiente pregunta: ¿por qué comprar algo que probablemente ya tenga en su versión original, acorde a la visión primigenia del artista? Los argumentos que pueden esgrimirse son demasiados, incluso para un melómano, la pregunta resultaría totalmente improcedente. Toda nueva publicación de un viejo clásico viene con algún extra que la hace atractiva: una serie de canciones inéditas (incluso llegando a completar un disco entero de bonus tracks), nuevas versiones en vivo, un renovado booklet con fotos y textos alusivos que jamás habían visto la luz, sonido mejorado acorde a las posibilidades tecnológicas actuales (muchas veces supervisado por los propios músicos), versiones estéreo y mono, y un larguísimo etcétera.
Los discos de Queen salieron de a cinco al mercado
 Entre las reediciones más importantes que has salido al mercado podemos destacar las de The Beatles, que comprende toda su discografía con sonido renovado, hermosas ediciones en digipack, y boxset en estéreo y mono; las más recientes de Queen, todos álbumes dobles con el disco original y un cd extra con versiones en vivo, simples y distintas pistas de audio; algún disco emblemático de los Rolling Stones como Exile on Main St. o Some Girls, debido a su 25 aniversario, en ediciones dobles con uno de los discos lleno de inéditos y rarezas; y las nuevas reediciones de Pink Floyd, con caja de Dark Side of The Moon y Discovery (14 discos) incluidas, que presentan toda su discografía en digipack y con sonido remasterizado.
Por supuesto que los casos enunciados en el párrafo anterior no son los únicos en lo que a reediciones se refiere. Se podría agregar a esta lista un sinnúmero de artistas, tanto clásicos como modernos (de Deep Purple, Bob Dylan o  The Kinks a Pearl Jam, pasando por Lynyrd Skynyrd y Violent Femmes) que han visto revisitada su discografía (o alguno de sus discos) en la última década. No obstante, y como la conformidad no es algo a lo que sea adepto, me animo a mencionar una deuda que la industria, un gran ausente: Led Zeppelin.
Quizá se trate de una estrategia para prolongar la vida de las discográficas en un contexto que ha demostrado serles desfavorable. Reconvertir el negocio, redireccionar los cañones del marketing, establecer el cd y el (afortunadamente) resucitado disco de vinilo como objetos de lujo, con precios (lamentablemente) elevados, logrando configurar una experiencia que vaya más allá de la simple escucha en random en un reproductor de mp3 con pésimo sonido. Los amantes de la música agradecidos, nuestros bolsillos no.


La tentadora caja Discovery de Floyd