domingo, 18 de diciembre de 2011

La Navidad y sus Películas


Muchas veces la Navidad nos toma por sorpresa. Caemos que nos acercamos al mes de diciembre y a su celebración gracias a que miles de locales de la ciudad se llenan de adornos alegóricos antes de que comience incluso el mes de noviembre. Y es en ese momento cuando las típicas frases (que se repiten año tras año) se comienzan a escuchar: "que rápido que pasó el año", "increíble que ya esté por llegar la Navidad", "dentro de poco vamos a estar comiendo vitel toné otra vez", entre muchas otras. 
Pero no solo la venta de adornos, los arbolitos (que suelen ser gigantes) en los shoppings y el espíritu (?) de la gente nos suele recordar la cercanía de la fecha, sino también la televisión. No importa si la empresa de cable a la que estamos suscriptos ofrece más de 200 canales, siempre para la segunda quincena de diciembre empiezan a rotar una y otra vez las mismas películas navideñas de todos los años. Y la paradoja es la siguiente: incluso cuando nos confesamos cansados de ver dichos films, volvemos a encontrarnos con ellos y no podemos evitar mirarlos, aunque más no sea por un rato. 
Las razones pueden ser muchas, y cubrir un amplio abanico, que va desde atribuirle a dichos films una improbable capacidad magnética que impide que cambiemos de canal, a considerar que se trata de obras que nos han acompañado, en muchos casos, casi toda nuestra vida, y albergamos un lugar especial para ellas en nuestro corazón (?), más allá de su dudosa calidad. 
Mi intención en este post es recordar alguna de esas pelis, que seguramente veremos dentro de poco en alguno, cuando no en varios, de los 200 canales de cable que hay dando vueltas por ahí. Para realizar esta tarea, me dispuse a seleccionar los tres films que considero los más representativos de esta época del año. 
Macaulay y los ladrones
Mi Pobre Angelito (Home Alone, 1990) y su primer secuela , se han convertido con el correr de los años en verdaderos clásicos navideños. En la primer entrega, que es la que nos ocupa, se cuenta la historia de Kevin McCallister (Macaulay Culkin), quien por un descuido de su, bastante desordenada, familia es olvidado en su casa, cuando el resto se disponía a tomar un avión para pasar la Navidad en París. El olvido recién es descubierto por su madre (Catherine O'Hara) en pleno vuelo. La cosa se complica más cuando dos ladrones (los geniales Joe Pesci y Daniel Stern) deciden aprovechar que la casa está casi vacía para intentar, infructuosamente, robarla. A partir de ahí, el film nos cuenta la resistencia del niño ante los ladrones y las dificultades que tiene la madre para volver al encuentro de Kevin. La peli, desde mi punto de vista, merece ser mencionada por tratarse de una obra que me ha acompañado desde los 5 años de edad, logrando siempre sacarme una sonrisa. Seguramente a más de un lector le haya provocado el mismo efecto. 
Susan con ¿el verdadero? Papa Noel
Otro film que merece ser mencionado es la producción de 1994 llamada Milagro en la Calle 34 (Miracle on 34th Street, 1994). Vale aclarar que se trata de una remake de la película con el mismo nombre estrenada en 1947, y gira alrededor de un juicio en el que se intenta probar que Kris Kringle (Richard Attenborough), un empleado que personifica a Santa Claus en una tienda, y que es acusado de agresión, es el verdadero Papa Noel. Para lograrlo cuenta con la ayuda del abogado Brian Bedford (Dylan McDermott), novio de su empleadora Dorey (Elizabeth Perkins), y de la pequeña hija de esta última Susan (Mara Wilson). La peli intenta (y por momentos lo consigue) devolver a los personajes y a los espectadores el espíritu navideño, apelando la creencias muy arraigadas de nuestra infancia. Si bien tiene toques de comedia, apela claramente a la emoción. 
Por último, quisiera incluir una obra del año 1988 conocida en nuestras pampas como Los Fantasmas Contraatacan (Scrooged, 1988). Como su nombre en inglés lo indica, se trata de una modernización del clásico relato de Charles Dickens, Cuento de Navidad. Esta vez, la historia nos sitúa en un estudio de televisión, donde un detestable Frank Cross (el gran Bill Murray) es el gerente de programación. En poco tiempo nos enteramos de su gran riqueza, y su crueldad, característica que lo ha llevado a distanciarse de su familia, y del amor de su vida Claire Phillips (Karen Allen). Todo lo cual, lo convierte en un perfecto candidato para recibir la visita de los tres fantasmas de navidad (presente, pasado y futuro), que le permitan apreciar su vida, la de sus seres queridos, y la de algún empleado atormentado por el propio Cross, en perspectiva, y logren un cambio en su triste vida. Una historia en clave de comedia con una moraleja para toda la familia. 
Estos tres ejemplos son los que más me marcaron, probablemente por ser los que más he visto. Hay cientos de películas más sobre navidad, algunas mejores, otras peores, algunas inolvidables, otras sumamente olvidables. Seguramente cada uno tendrá su favorita. Lo importante es poder compartirlas con todos ustedes.      

sábado, 10 de diciembre de 2011

A reeditar que se acaba el mundo


Millones de palabras se han escrito sobre la crisis de la industria musical, su declive, y de cómo ésta debe reinventarse. Tarea que, de acuerdo a los ejemplos obtenidos de la realidad, suele ser sumamente compleja. Sin embargo, hoy podemos decir que las discográficas han encontrado una veta que les permite seguir viviendo de esos clásicos inoxidables que alguna vez las convirtieron en grandes imperios. Me refiero a las reediciones.
Las reediciones de The Beatles, siempre un negocio
En los últimos años hemos asistido, como escuchas, a una oleada inédita de nuevas ediciones de viejos discos con distintas excusas. En algunos casos se trata de ediciones denominadas definitivas (quizá tenga que ver en esta definición las consideraciones realizadas sobre la inminente muerte de la industria), o se aprovechan aniversarios de la salida de ciertos discos emblemáticos, o simplemente se decide publicar nuevamente toda la discografía de alguna banda importante.
En este punto al lector podría surgirle la siguiente pregunta: ¿por qué comprar algo que probablemente ya tenga en su versión original, acorde a la visión primigenia del artista? Los argumentos que pueden esgrimirse son demasiados, incluso para un melómano, la pregunta resultaría totalmente improcedente. Toda nueva publicación de un viejo clásico viene con algún extra que la hace atractiva: una serie de canciones inéditas (incluso llegando a completar un disco entero de bonus tracks), nuevas versiones en vivo, un renovado booklet con fotos y textos alusivos que jamás habían visto la luz, sonido mejorado acorde a las posibilidades tecnológicas actuales (muchas veces supervisado por los propios músicos), versiones estéreo y mono, y un larguísimo etcétera.
Los discos de Queen salieron de a cinco al mercado
 Entre las reediciones más importantes que has salido al mercado podemos destacar las de The Beatles, que comprende toda su discografía con sonido renovado, hermosas ediciones en digipack, y boxset en estéreo y mono; las más recientes de Queen, todos álbumes dobles con el disco original y un cd extra con versiones en vivo, simples y distintas pistas de audio; algún disco emblemático de los Rolling Stones como Exile on Main St. o Some Girls, debido a su 25 aniversario, en ediciones dobles con uno de los discos lleno de inéditos y rarezas; y las nuevas reediciones de Pink Floyd, con caja de Dark Side of The Moon y Discovery (14 discos) incluidas, que presentan toda su discografía en digipack y con sonido remasterizado.
Por supuesto que los casos enunciados en el párrafo anterior no son los únicos en lo que a reediciones se refiere. Se podría agregar a esta lista un sinnúmero de artistas, tanto clásicos como modernos (de Deep Purple, Bob Dylan o  The Kinks a Pearl Jam, pasando por Lynyrd Skynyrd y Violent Femmes) que han visto revisitada su discografía (o alguno de sus discos) en la última década. No obstante, y como la conformidad no es algo a lo que sea adepto, me animo a mencionar una deuda que la industria, un gran ausente: Led Zeppelin.
Quizá se trate de una estrategia para prolongar la vida de las discográficas en un contexto que ha demostrado serles desfavorable. Reconvertir el negocio, redireccionar los cañones del marketing, establecer el cd y el (afortunadamente) resucitado disco de vinilo como objetos de lujo, con precios (lamentablemente) elevados, logrando configurar una experiencia que vaya más allá de la simple escucha en random en un reproductor de mp3 con pésimo sonido. Los amantes de la música agradecidos, nuestros bolsillos no.


La tentadora caja Discovery de Floyd

lunes, 5 de diciembre de 2011

Una de vampiros

Con el paso del tiempo hay determinados géneros o temáticas que nos pueden parecer agotados. Tal es el caso, en mi opinión, de los relatos relacionados con vampiros. Por supuesto que no me refiero al agotamiento comercial, sería necio no reconocer el auge que está viviendo el género a caballo de las muy prolíficas obras de Stephanie Meyer y su adaptación cinematográfica. Lo que quiero decir es que lo que falta son ideas nuevas que logren dar una vuelta de tuerca al tema, más allá de las edulcoradas historias románticas para adolescentes, con chupasangre que caminan de día y no beben sangre humana. O por lo menos eso era lo que pensaba hasta hace un corto tiempo atrás. 
Es difícil rastrear el origen de los vampiros. En la mayoría de los casos se considera que provienen de leyendas de distintas culturas que hacen referencia a seres que se alimentan de la sustancia vital de las personas. Ya en el siglo XVIII se pueden encontrar publicaciones literarias sobre ellos. 
No fue hasta un siglo después, en 1897, cuando el irlandés Bram Stoker publicó su obra epistolar Drácula. Así tomó forma el prototipo de vampiro que mas éxito ha tenido desde el punto de vista literario y cinematográfico. Se trata de un (otrora) ser humano (no) muerto, que necesita para subsistir consumir sangre humana, la cual adquiere clavando sus colmillos en el cuello de sus víctimas. El Conde Drácula vive en un tenebroso castillo en Transilvania (Rumania). Sus principales armas son la seducción, y su capacidad de transformarse en distintas creaturas (lobo, murciélago, etc.). Sus debilidades: la luz solar, los espejos, el ajo y las estacas. 
El gran Christopher Lee en su papel predilecto
Desde su publicación han proliferado distintos libros y películas que han ido tomando la obra de Stoker y la han ido adaptando, aggiornandola a los distintos momentos en que fueron apareciendo. Así desfilaron por la pantalla grande figuras como Christopher Lee (quien más veces lo interpretó), Gary Oldman, Bela Lugosi, Frank Langella, Gerard Butler, y hasta Leslie Nielsen, todos con un papel en común, el del mítico vampiro. Asimismo, actores como Willem Dafoe, Brad Pitt, Tom Cruise y muchos otros más han interpretado este tipo de papeles, sin encarnar al Conde específicamente. 
Grandes directores se han animado a reinterpretar el clásico, como por ejemplo: Francis Ford Coppola (Bram Stoker's Dracula, 1992), el maestro del terror John Carpenter (Vampires, 1998), y Robert Rodriguez (From Dusk Till Dawn, 1996), solo por nombrar a alguno de los casos contemporáneos. 
Sin embargo, no solo del cine viven estas creaturas espeluznantes. La pantalla chica ha sabido darles su lugar de privilegio también. Series como Buffy, la Cazavampiros de Joss Whedon (1997-2003), su spin-off Angel (1999-2004), y varias que aún están activas (The Vampire Diaries, True Blood), entre otras, han sabido saciar la sed de los fanáticos durante varios años. 
Incluso, cabe destacar, que lo que en un principio fueron obras de terror o góticas, con el correr de los años fueron virando hacia otros géneros, como el de acción (Blade, Van Helsing, etc.) o la comedia (Drácula muerto pero feliz, del inigualable Mel Brooks). 
De algunas mujeres mejor cuidarse
De acuerdo a mi óptica, el agotamiento al que hago referencia en el primer párrafo de este artículo, es consecuencia del gran número de adaptaciones, reversiones, revisiones y reescrituras que han tenido las historias de vampiros a través del tiempo. Potenciado sobre todo por la invasión actual que estos personajes han realizado tanto en la pantalla grande como la chica. Si nos alejamos de los novedosos primeros films, de los de culto de la Hammer, y de los paródicos, nos vamos a encontrar con un largo listado de películas/historias que no aportan demasiado al tema. Seguramente hay excepciones, obras que por su singularidad destacan por sus propias virtudes, como puede ser Interview with a Vampire (Entrevista con el vampiro, 1994) o la sueca Låt den rätte komma in (Déjame entrar, 2008), pero lamentablemente estos casos están alejados de ser la norma. 
No obstante, suele pasar que cuando vemos las cosas de manera pesimista aparece una señal que nos devuelve un poco la esperanza. Esta vez, llegó a mí en forma de libro. Nocturna es la primer novela del director de cine mexicano Guillermo Del Toro (escrita en colaboración con Chuck Hogan); en ella logra darle un nuevo tratamiento al género, alejándolo del romanticismo, y despojándolo de efectismo. En su relato los vampiros no se metamorfosean, no le temen al ajo, ni tienen colmillos; son una plaga, un virus que se propaga por Nueva York, y que debe ser contenido y eliminado antes de que consuma primero a la ciudad, y luego al mundo entero. Al leerlo, se puede pensar que lo que una vez creí agotado, aún tiene un poco más de tela para cortar.



sábado, 26 de noviembre de 2011

El Agua

Nunca lo vimos venir. No es que faltaran indicios. No quisimos creerlos, o simplemente no les dimos importancia. En la primera etapa las playas comenzaron a desaparecer. El mar, otrora turquesa y transparente, se volvió oscuro y turbio. Poco a poco los habitantes de las ciudades costeras migraron tierra adentro.
Un tiempo después el agua tapo dichos poblados. Los muertos se contaron por centenas, entre los pobres y los escépticos. “La culpa es del calentamiento global”, dijeron. “Estamos pagando el daño que le hicimos al planeta”.
En seguida se pusieron en marcha varios planes del gobierno para contrarrestar tan devastadores efectos. Las mentes más brillantes de la ciencia participaron de su confección. Cuando el agua cubrió Japón, y redujo a Australia a un simple islote supimos que la cosa era mucho más seria de lo que pensábamos.
No faltaron los iluminados que hablaban de predicciones, fin del mundo y llegada del juicio final. Sin embargo, hasta los más firmes espíritus se doblegaron ante el avance de lo que dimos en llamar la marea negra.
Su acometida fue implacable, tapando cada vez mayores proporciones de tierra, dejando un reguero de cuerpos a su paso, que al poco tiempo desaparecían en su espesura.
Los pocos que logramos sobrevivir nos refugiamos en las superficies más altas, con la absurda esperanza de que la negrura remitiera. Si algo hemos aprendido desde que comenzó, es que una vez desatada no va a parar hasta culminar su trabajo.
Ahora, mientras escribo estas líneas, ya es demasiado tarde. Aún desde los elevados picos nevados (si es que a esta masa cenicienta y gris se le puede decir nieve) en los que me encuentro, puedo ver la lenta pero constante invasión acuática. Según mis cálculos la marea está subiendo entre 1 y 2 metros por día. No hace falta ser un destacado matemático para saber el escaso tiempo que me queda. Estoy preparado, la espero, mis fuerzas solo menguan cuando algún cuerpo (humano o animal) aparece flotando en la superficie, aunque estas visiones son cada vez más inusuales (señal de que solo quedamos unos pocos). He visto su rostro, negro como el hollín, de mirada profunda y cansada, casi como los ojos de un padre al que se ha llevado al límite de lo que puede soportar y ha perdido la paciencia.
Nunca logramos descifrar porque vino, ni sabemos si algún día se irá. La única certeza que invade nuestros corazones es que no estaremos aquí cuando llegue el final.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Pearl Jam en Argentina


Alrededor de las 19.30 llegue, junto a mi hermano, a las inmediaciones del estadio. No costo demasiado conseguir lugar para estacionar; un par de vueltas y listo, dejamos el auto a solo 6 cuadras. La caminata hacia el estadio suele ser el momento en que se intercambian expectativas sobre el show por venir: ambos coincidíamos en que preferíamos dejar que nos sorprendiera. 
Esta era mi primer visita al Estadio Único de La Plata. Desde un principio me impactó su arquitectura y diseño, que cumplía tanto desde el punto de vista estético como funcional. Aproveché lo metros caminados por Av. 25 para poder apreciarlo bien. 
Siguen roqueando como en sus primeras épocas
Al dar el reloj las 19.45, con puntualidad británica, a pesar de ser oriundos de Los Ángeles, la legendaria banda de punk X salió al escenario para calentar motores. Comenzamos a escucharlos desde afuera, pero pudimos ver la mayor parte del show ya acomodados en nuestros asientos de la fila 22 en la platea sur. 
Los primeros aplausos fervorosos tronaron cuando John Doe (bajista y cantante) presento a un amigo para el último tema, se trataba ni más ni menos que del gran Eddie Vedder, que salió a roquear al ritmo de Devil Doll junto a Exene (cantante), Doe y compañía. 
A las 20.30 el escenario estaba calmo nuevamente y nos mentalizamos para esperar la hora que suponíamos faltaba para el inicio del espectáculo. Por eso nos sorprendimos cuando a las 21.15 las luces se apagaron y los sobrevivientes del grunge aparecieron en escena. Los primeros acordes nos tomaron por asalto, y nos costó identificar el tema, no porque no lo conociéramos, sino porque la elección fue realmente inesperada. Ni el espectador más optimista y amante de Ten (1991) se imaginaba que la apertura del show sería con Release. El despliegue de potencia arrancó en el segundo tema, Go, del segundo álbum de la banda. 
Sin embargo, el primer estallido y gran pogo de la noche se desato con Corduroy (con intro de Interstellar Overdrive incluida). Así es como llegamos al primer pico de emotividad de la noche. La seguidilla Hail Hail, Given to Fly y The Fixer no nos permitió relajarnos, pero si disfrutar al máximo. 
Por suerte para nuestros cuerpos y gargantas, la intensidad bajó unos peldaños con Amongst the Waves e Inmortality, pero solo para volver a tomar impulso con otro de esos temas inolvidables que nos dio el inigualable Ten, Even Flow (segundo pico de emotividad de la noche). 
Para ese momento, aunque ya nos habíamos dado cuenta al sonar el primer acorde del primer tema, ya estaba plenamente justificada la inversión de dinero, el largo viaje a La Plata, y el hecho de saber que íbamos a dormir muy poco esa noche. 
Live at the Gorge, disco en vivo
El tercer gran momento de la noche no se haría esperar demasiado, luego de interpretar You Are, lo alcanzarían con (¡aviso de título largo!) Elderly Woman Behind the Counter in a Small Town, otro de esos grandes temas a los que Pearl Jam nos tiene acostumbrados, de VS (1993), su segunda placa. 
Todavía faltaban varios temas antes del primer intervalo, así se sucedieron el breve pero salvaje Lukin, Unthought Known (uno de mis favoritos de Backspacer, su última producción), el inoxidable Do the Evolution, un acústico Wasted Reprise como preludio a un eléctrico Life Wasted, un contundente Jeremy y Porch. 
La participación del público durante esta primera parte fue muy activa, con pogo, coros, palmas, en definitiva, a lo que estamos acostumbrados en general, pero con un grado de intensidad que hacía tiempo no veía en un show, probablemente inspirado en la entrega que la banda estaba realizando en el escenario. 
El bueno de Eddie no se hizo desear demasiado y volvió solo con su guitarra para interpretar el hermoso Just Breathe. El momento acústico duró lo que un suspiro, y la banda nuevamente al completo arremetió con Garden, y luego con la excelente versión del tema de Wayne Cochran, Last Kiss, que incluyó un buen contrapunto entre la batería de Matt Cameron y las palmas del público. Pasó Supersonic, y llegó el segundo cover de la noche, que para Pearl Jam ya es casi un tema propio. Me refiero a la canción de los Ramones (gran ovación gran) I Believe in Miracles, al cual le siguió State of Love and Trust y el potente Blood. 
Eddie y compañía
Con el pulso acelerado, nuestras gargantas irritadas y la felicidad a flor de piel, aguardamos a que la banda vuelva para los bises finales. Lo cual hicieron con gusto, comenzando con Smile, y siguiendo con otro tema ajeno al que Vedder presentó diciendo que les gustaría tomar prestado una canción de Roger Waters. Difícil describir nuestras sensaciones al escuchar los primeros acordes de Mother, aquella sublime composición de The Wall, pero seguramente eran muy cercanas a la emoción. Cosa que PJ terminó de lograr con Black, para mí el punto culminante del show (cabe aclarar que este tema tiene un significado especial para mí, por ser mi puerta de entrada a Pearl Jam), no solo por tratarse de una de sus mejores obras, sino por la larga coda de coros protagonizada por un público que sinceramente no quería que el espectáculo acabase. 
El principio del fin llegó con Better Man (Vitalogy, 1994), y Why Go, para desatarse definitivamente con el infaltable Alive, el último cover Rockin’ in the Free World (Neil Young) con las luces del estadio prendidas, y el siempre colista Yellow Ledbetter, anunciando sin temor a equívocos el final. El reloj marcaba las 12.15; tres horas de duración, tres horas de felicidad, tres horas que se pasaron demasiado rápido. Solo quedaba emprender la larga vuelta a casa, esta vez con una sonrisa dibujada en nuestras caras. 
Si tuviera que usar solo dos palabras para describir lo que fue la segunda visita del quinteto de Seattle (a bordo del PJ20 Tour) al país, serían INTENSO y EMOTIVO. Un show para disfrutar de principio a fin, que seguramente recordaremos por mucho tiempo, cuyo paso lo volverá mítico. La entrega de la banda en el escenario y su perfecta comunión con el público hicieron de este recital un momento único. Y esto en épocas de jóvenes bandas prefabricadas y viejos edulcorados que parecieran tocar en piloto automático, no es poca cosa.



sábado, 12 de noviembre de 2011

Discos Conceptuales


En un principio, y como ya he escrito en otro post, el motor de la industria musical fue el simple. Sin embargo, con el correr de los años (comenzado en la segunda mitad de la década del ’60) el LP se fue afianzando como el soporte ideal tanto en términos artísticos como económicos.
A partir de este fenómeno de valorización del larga duración por sobre el single es que algunas bandas comenzaron a darle a sus discos un tratamiento distinto del que le venían dando. Así, ciertas obras, dejaron de ser una colección de canciones aisladas para transformarse en un todo. Es a este tipo de obras a las que se conoce como álbumes conceptuales; es decir, un disco cuyas canciones están atravesadas por una temática común a todas ellas.
El término Álbum Conceptual agrupa gran cantidad de obras, bastante diferentes entre sí, y tiene varias aristas, que van desde unir los temas de un disco en torno a un tema determinado (como puede ser la ecología, el ideario de una sociedad determinada, o eventos históricos), contar durante todo el LP la historia de un personaje, o realizar una ópera rock (por razones de espacio no haré mención a este último tipo de obras, que merecen un post aparte), entre muchas otras.
Es difícil determinar cuál fue el primer disco conceptual de una banda de rock, y escapa a las intenciones de este post. Basta con mencionar algunos larga duración que a mi criterio son buenos representantes de este tipo de obras.
Muchos reconocen en el gran Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band (1967) de los Beatles uno de los primeros discos conceptuales. Cabe aclarar que esta no es la principal característica por la cual el álbum fue (y es) tan venerado. La idea de los Fab Four era inventar una banda que sea la que se adueñe de todos los temas del LP, como una manera de poder tomarse ciertas licencias a la hora de experimentar con distintos sonidos (experimentación que habían comenzado con sus dos discos anteriores) sin verse limitados por el estilo beatle. El concepto se refleja claramente en el inicio y el final del disco (con el tema homónimo y su reprise), pero hay que reconocer que se desdibuja un poco con el correr de las canciones.
Hay dos bandas inglesas a las que podríamos reconocer como especialistas en lo que a discos conceptuales se trata. Me refiero a The Who y The Kinks. La primera, antes de editar dos óperas rock, publicó The Who Sell Out (1967), una obra que estaba concebida como una transmisión radial pirata, tocando los temas con distintos estilos para que parezcan interpretados por bandas diferentes y añadiendo típicas publicidades radiales entre cada uno de ellos. La banda de los hermanos Davies editó gran cantidad de discos conceptuales, entre ellos The Kinks are the Village Green Preservation Society (1968), que trata principalmente sobre la vida en la campiña inglesa, rememorando tiempos pasados; Lola vs Powerman and the Moneygoround, Part one (1970), que no es más que una visión satírica de la industria musical; y varios otros como Preservation Act 1 (1973), Preservation Act 2 (1974), Soap Opera (1975) y School Boys in Disgrace (1976), además de una ópera rock.
Por supuesto no podemos hablar de este estilo de discos sin hacer una especial mención a Pink Floyd. La banda de Waters y Gilmour ha dejado para la posteridad obras conceptuales alucinantes. Desde el clásico de 1973, The Dark Side of the Moon, en el que exploran distintas facetas de la condición humana (envejecimiento, locura, avaricia, muerte), y experimentan con distintos sonidos, gracias a la ayuda del gran técnico de grabación Alan Parsons, hasta The Final Cut (1982, último disco con Waters en la banda) con su mensaje antibélico a cuestas, todos los discos de Floyd son conceptuales. Wish you Where Here (1975) es un álbum que se basa en una seria crítica a la industria musical, a la vez que añora la camaradería imperante en el pasado en el seno de la banda y recuerda a Syd Barrett. Animals (1977), intenta retratar a la sociedad inglesa, dividiéndola en distintas clases sociales, representadas por animales (en obvia alusión al clásico de Orwell Animal Farm); siendo los cerdos mandatarios, los perros los encargados de hacer cumplir la ley, y las ovejas el pueblo. Por último, The Wall (1979), cuenta la historia de Pink, un músico alienado y acechado por los traumas acumulados en su vida (muerte prematura del padre, sobre protección de la madre, educación opresiva, fracasos amorosos, etc.), todos los cuales ayudaron a ir agregando ladrillos en la pared que lo separa del mundo.
Otras obras conceptuales que vale mencionar son: Tales From Topographic Oceans (1973), de Yes, Thick as a Brick (1972), de Jetrho Tull, Ziggy Stardust and the Spider from Mars (1972), de David Bowie, y 2112 (1976), de la banda canadiense Rush.
Por supuesto que estos son solo ejemplos de todos los discos conceptuales que podemos encontrar. El hecho de que los mencionados sean principalmente de las décadas del ’60 y ’70, no implica que no podamos encontrar álbumes conceptuales contemporáneos. Ejemplos de ellos sobran, me limitaré a nombrar algunos: Metropolis Pt. 2, Scenes from a Memory (1999) de Dream Theater, narra la historia de un joven que descubre un crimen en su vida pasada (íntimamente relacionada con la película de 1991 Dead Again, protagonizada por Kennet Branagh y Emma Thompson); Be (2004) de Pain of Salvation, trata sobre la existencia de Dios; American Idiot (2004) de Green Day, que es primordialmente una crítica al estilo de vida americano y a la administración Bush en particular.
Como ya he mencionado, el tema no se agota en estas líneas, con lo cual invito al lector a realizar su propia búsqueda por el vasto mundo de los discos conceptuales.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Las noches de París según Woody Allen


El afiche de la peli

A veces las películas cobran dimensión por contar una gran historia, otras por tener un guión bien logrado, algunas por dejar entrever la diestra mano de su director, y en numerosos casos por las sólidas interpretaciones de los actores. Cuando estas cuatro condiciones se dan en conjunto, podemos sonreír, acurrucarnos en nuestro sillón y disfrutar de la idea de estar ante un gran film.
Tal es el efecto que produce la última obra del prolífico Woody Allen. Medianoche en París (Midnight in Paris, 2011), es una comedia romántica atípica, incluso para el bueno de Woody. Toma elementos de distintos géneros y logra ser divertida y reflexiva a la vez, entretener y dejar pensando al espectador; se la podría catalogar como una comedia inteligente, pero realmente no estoy seguro de que las películas, en general, posean este tipo de atributos.
El film nos muestra a la pareja compuesta por Gil (el gran Owen Wilson) e Inez (la bella Rachel McAdams) que está a punto de casarse y emprenden un viaje a París junto a los padres de la novia. Gil es un escritor, fascinado por el París de los ‘20, que está teniendo dificultades para concretar su primer novela. Se enamora de la ciudad y tiene serias intenciones que quedarse a vivir en ella. Por supuesto su prometida Inez no comparte este anhelo. Las cosas en la pareja se tensan un poco con la llegada de Paul (Michael Sheen), el pedante ex novio de Inez, con su actual compañera. Es así, como luego de una cena, todos deciden irse a bailar, excepto Gil, quien no tarda en quedarse solo en la noche recorriendo las calles parisinas.
Gil e Inez en su habitación de hotel
A partir de allí es cuando comienza la aventura, en la cual se entremezclan fantasía y realidad, pasado y presente, Ernest Hemingway, Cole Porter, los Fitzgerald, Salvador Dalí (Adrien Brody), Gertrude Stein (Kathy Bates), Picasso, Matisse, Luis Buñuel, Man Ray, T.S. Elliot, entre muchos otros, y por supuesto la hermosa Adriana (Marion Cotillard); y lo que parecía una simple comedia romántica transciende los límites del género y nos lleva más allá, poniendo en juego cuestiones como el amor, las fantasías, la nostalgia por tiempos no vividos, el presente, las responsabilidades, la adultez, sin pecar de pretenciosa y haciendo gala de un gran estilo.
Imposible no mencionar a otra gran protagonista del film. Me refiero a París, la ciudad que, lejos de ser el simple escenario donde transcurre la película, cobra vital importancia, sumergiendo a Gil (y a los espectadores junto con él) en sus noches, sus hermosas calles y sus ilustres personajes; logrando cambiar sus perspectivas frente a la vida y el amor.   
Gil y Adriana en las calles de París
Para concluir, me gustaría recalcar (dudo que haga falta) que la cinta es sumamente recomendable. Espero, con estas líneas, haber logrado despertar en el lector el interés por la misma.