El camino que, a la luz de los últimos estrenos, parece estar tomando el cine argentino luce, por lo menos, esperanzador. Cuando ya nos habíamos resignado al sentimentalismo soft de Campanella (exclúyase de esta definición a El Secreto de sus Ojos, basada en el libro del gran Eduardo Sacheri), y a las comedias (a veces) románticas de Suar, sin que nos diéramos cuenta un par de películas (porque efectivamente son dos) impensadas para el circuito comercial, se colaron entre tanto estreno hollywoodense.

Ambos films, decía anteriormente, tienen una característica común; y es que son los dos películas de género (el primero de terror, el segundo de ciencia ficción). Es justamente esto lo que los distingue del resto, no porque en el país durante los últimos años no se hayan hecho cintas de este tipo (basta con ver las realizaciones de Farsa Producciones), sino porque éstas en su gran mayoría (casi totalidad podríamos decir) no tenían la posibilidad de ser estrenadas en el circuito comercial.

Ante esta oferta renovada de películas, el público respondió asistiendo a las salas, dando una muestra de que no solo quiere ver comedias y drama, sino todo tipo de géneros. Puedo pecar de optimista, pero espero que a partir de ahora se abran las puertas a nuevos tipos de realizaciones cinematográficas nacionales, y el cine de género haya llegado para quedarse. Porque no hay nada mejor que tener un amplio menú a la hora de elegir que peli ir a ver al cine.
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