Estudios recientes han demostrado que a la hora del desahogo escribir es más efectivo que hablar. Quizá sea eso lo que me lleva a garabatear estas líneas.Desde hace varios años los hinchas de uno de los clubes más grandes del país nos hemos tenido que acostumbrar a cambiar éxitos por fracasos, juego vistoso por supuesta practicidad, contundencia por escasez. El equipo millonario, otrora ganador y respetado (muchas veces temido), hoy difícilmente puede hilvanar una jugada que demande en su construcción mas de dos o tres pases seguidos. La consecuencia: serias dificultades para encontrarse en posición de gol (ni que decir de hacer goles), y problemas con el manejo de la pelota, que se suman a los clásicos errores defensivos. El resultado: River afronta la peor racha de su historia (hablo de los últimos tres años) y está al borde de jugar por primera vez la promoción.Como si esto fuera poco, en las últimas semanas se sumaron tres hechos que no hacen más que poner piedras en el camino. Una mala racha de Carrizo, que cometió errores en tres partidos consecutivos, dos de los cuales derivaron en pérdida de puntos (no condeno al arquero ya que le debemos más puntos de los que nos hizo perder). Una, como mínimo, inoportuna solicitud de renuncia de Passarella (presidente millonario) hacia Grondona (no porque le falten razones, sino porque es bien conocida la forma de hacer tronar el escarmiento que tiene el "padrino"). Y por último, la derrota en el clásico, con todo su componente emocional.
En este contexto, no sorprende el empate 0 a 0 ante Olimpo (rival directo en la pelea por la promoción). Es más, el equipo de Bahía Blanca mereció mejor suerte. Lo que si llama la atención es la inacción del técnico, que realizo solo un cambio porque Almeyda estaba cansado (ingreso Cirigliano en su lugar) y se guardo los dos restantes, dejando abierto el espacio para especular sobre dos posibles alternativas: o tiró la toalla y se resignó al ver un equipo sin reacción; o el empate lo dejó conforme. Ambas opciones son alarmantes y generan nubarrones en el futuro cercano.
River no tiene mas crédito, debe ganar o ganar las tres últimas fechas, y esperar sendas derrotas de Olimpo y Arsenal.Lejos de estar esperanzado, las dudas y la incertidumbre son las rectoras en este momento. Quizá mañana todo esto no sea más que una anécdota, como los 18 años que pasaron sin títulos, desde fines de los 50 a mediados de los 70. Sin embargo, este presente no deja de ser doloroso para el verdadero hincha millonario.
jueves, 2 de junio de 2011
Lejos del Olimpo
sábado, 28 de mayo de 2011
El Lado Salvaje
Hace un tiempo que tengo ganas de escribir sobre una película. Dos eventos recientes me hicieron decidirme. Uno fue una charla de cine con una compañera de trabajo, el otro, más reciente, un intercambio de opiniones con un amigo, que me brindo una nueva perspectiva.
El film que me motiva a escribir estas líneas es del año 2007 y se llama Into the Wild. Justo es decir que apenas se estrenó en cine, la historia no me pareció cautivante y no la fui a ver. Incluso pasarían dos años para que la vea en DVD, no sin cierta reticencia, quizá por algún prejuicio personal o por mi poca predilección por el género dramático.
Antes que nada, es conveniente aclarar que el argumento está basado en un libro de Jon Krakauer, que narra una historia real. Está dirigido, producido y guionado por Sean Penn (lo que demuestra que este gran actor no solo elige bien los proyectos en los que actuar), protagonizada por Emile Hirsch (La Chica de al Lado, Meteoro, Milk, entre otras), y cuenta con un vasto reparto que incluye a William Hurt, Marcia Gay Harden, Catherine Keener, Hal Holbrook, Kristen Stewart, Vince Vaughn y Jena Malone.

La historia se enriquece al relatarnos el errar del protagonista, y las relaciones que va entablando con distintos personajes que se cruzan en su camino. Así el viaje se convierte en una aventura iniciática, de autoconocimiento y reflexión, abonando un camino lleno de lecciones de vida; algunas con un costo mucho mayor a otras.
El film logra emocionar al espectador, tanto por la fuerza del relato, como por la construcción de personajes entrañables. Por otra parte, consigue, casi sin proponérselo, abrir un espacio de pensamiento nuevo en el público, objetivo que toda película que se precie debería alcanzar.
Hay un elemento fundamental en toda obra, que hasta aquí, he obviado intencionalmente. Me refiero a la banda de sonido. La Original Soundtrack está compuesta (excepto dos temas) e interpretada por Eddie Vedder, el gran cantante y principal compositor de Pearl Jam. En la mencionada charla con mi amigo me hizo notar, que si bien se trata de una gran película, la música de Vedder la hace aún más emocionante. Sentencia que comparto en su totalidad. Las bellas melodías, la instrumentación despojada (acústica), la fuerza de las letras, todo ayuda a generar el clima necesario para que la historia discurra el camino correcto.

SOCIETY
Oh, it's a mystery to me
We have a greed with which we have agreed
And you think you have to want more than you need
Until you have it all you won't be free
Society, you're a crazy breed
Hope you're not lonely without me...
When you want more than you have
You think you need...
And when you think more than you want
Your thoughts begin to bleed
I think I need to find a bigger place
Because when you have more than you think
You need more space
Society, you're a crazy breed
Hope you're not lonely without me...
Society, crazy indeed
Hope you're not lonely without me...
There's those thinking, more-or-less, less is more
But if less is more, how you keeping score?
Means for every point you make, your level drops
Kinda like you're starting from the top
You can't do that...
Society, you're a crazy breed
Hope you're not lonely without me...
Society, crazy indeed
Hope you're not lonely without me...
Society, have mercy on me
Hope you're not angry if I disagree...
Society, crazy indeed
Hope you're not lonely without me...
sábado, 21 de mayo de 2011
¿Qué es esto que esta pasando aquí?
Que inusuales son los tiempos que corren, o por lo menos eso es lo que me hacen sentir. Hace tiempo se han perdido ciertos valores fundamentales que toda sociedad debería tener en aras de ofrecer un mínimo de civilización. En un contexto de ¿salida? de una crisis mundial en el que parecieran volver los fantasmas de ajustes pasados y la moda es hacer pagar a los ciudadanos (incluso a los más desprotegidos: los jubilados) el derroche incurrido para salvar al sector financiero (grandes bancos que llegaron al límite de la quiebra por su propio accionar fraudulento y hoy gozan de mejor salud y especulan en contra de los estados que fueron a su rescate). Así nos encontramos en un país que ha acusado el golpe, pero con efectos mínimos comparado con experiencias anteriores.
Como decía al principio, creo que hemos perdido el rumbo. Se han llevado al extremo ciertas prácticas nocivas que nos deterioran socialmente minuto a minuto. La mercantilización de la salud y educación (funciones clave para garantizar un estado igualitario) encuentra en algunos sectores (entre ellos la jefatura del gobierno porteño) nuevos apoyos. El acrecentamiento de las desigualdades se empieza a notar. Las practicas clientelísticas le cierran el paso a la búsqueda de proyectos autosustentables. Ante esta situación, ¿qué hacer? Permanecemos inmóviles, impávidos, indiferentes, sin reacción aparente. ¿Por qué? Porque parece importarnos poco el otro siempre que nuestras necesidades estén cubiertas, y que no peligre nuestro estilo de vida de clase media. Porque la apatía ha llegado para quedarse, instalándose en el centro de la escena. Somos incapaces de ponernos en el lugar del otro.
Miramos para otro lado, nos hacemos los tontos, o hacemos la fácil, aportar algunos pesos (que no nos impliquen sacrificio alguno) para alguna causa noble. Olvidamos que hay proyectos muy interesantes que requieren de tiempo y esfuerzo, que la caridad tiene límites y no soluciona el problema de fondo. Ojo, no estoy en contra de este tipo de acciones solidarias, solo digo que son insuficientes.
Miramos para otro lado, nos hacemos los tontos, o hacemos la fácil, aportar algunos pesos (que no nos impliquen sacrificio alguno) para alguna causa noble. Olvidamos que hay proyectos muy interesantes que requieren de tiempo y esfuerzo, que la caridad tiene límites y no soluciona el problema de fondo. Ojo, no estoy en contra de este tipo de acciones solidarias, solo digo que son insuficientes.
Mientras todo esto nos pasa por al lado asistimos a la máxima banalización de las relaciones sociales. Estamos cada vez mas comunicados y decimos cada vez menos. La charla casual, liviana, frívola y trivial parece estar en la cresta de la ola. Preferimos pasar horas divagando sobre los dichos (o hechos) de tal o cual personaje irrelevante del espectáculo, de la moda (elemento que pretende quitar todo sentido identitario al ser humano, imponiendo criterios estéticos como si todos fuéramos parte de un rebaño, incapaces de decidir por nosotros mismos) o de otro tipo de cuestiones absurdas, en lugar de tratar otros temas, descartados muchas veces por ser considerados demasiado "serios". Hacemos preguntas de las que solo esperamos una respuesta convencional poco comprometida. Todo se reduce a cuantos pseudo amigos tengo en facebook o cuantos seguidores en twitter. Estamos todo el tiempo rodeados de gente, pero a nadie parece importarle como está el otro y el individualismo se erige como uno de las características de esta época.
Nos miramos el ombligo, somos el centro de nuestro universo. Es egoísmo, reivindicado muchas veces desde los medios masivos de comunicación, los formadores de opinión y los líderes políticos y sociales. Y aparejado a este comportamiento individualista siempre viene la soledad, que no debe entenderse en sentido literal (todos tenemos familia y/o amigos en mayor o menor medida), sino comprenderse desde el pensamiento y el lugar que cada uno ocupa en el mundo.
Por otra parte, el cambio en los valores que han regido por años la sociedad parece evidente. Es claro que el cambio en cuanto noción evolutiva es positivo, sin embargo no siempre se da de esa manera. Basta con preguntarnos cuando dejamos de considerar como un modelo de lucha y esfuerzo al trabajador y miramos con ojos admirados a gerentes de poderosas multinacionales, perfectamente funcionales a este modelo de explotación. La respuesta quizá surja en alguna parte del último cuarto del siglo XX.
A pesar de cuan negativa pueda ser la problemática expuesta en los párrafos anteriores, aún no he expuesto el punto más álgido (a mi entender) de la cuestión. Me refiero específicamente al hecho de que todo lo anteriormente expuesto está sucediendo hace un largo tiempo y nadie parece darse cuenta, o mejor dicho, a nadie parece importarle. La alienación a la que lleva la vida moderna hace que sea más fácil seguir adelante, cual bestia de carga, antes que detenerse un segundo a pensar y reflexionar sobre lo que nos pasa. Cada vez es más común escuchar la repetición constante del discurso dominante que, bombardeado desde distintos sectores de poder, parece haberse instalado en la mente y el espíritu de la sociedad moderna. Situación posibilitada en parte por comodidad, ya que desarrollar el pensamiento crítico, valerse de distintas fuentes de información y sacar conclusiones que sean propias, requiere un esfuerzo mayor que repetir formulas gastadas que ingresaron en nuestro ser luego de años de exposición a las mismas. Así se pierde la riqueza del debate e intercambio de ideas, ya que las posiciones tomadas carecen, en la mayoría de los casos, de argumentación sólida; y el pensar distinto vuelve a ser repudiado, condenando a sus portadores al ostracismo social.
Quizá no sea el expuesto un diagnóstico muy feliz y probablemente tampoco sea muy preciso. No es esa la intención. La idea es expresar un puñado de ideas que tenía la necesidad de hacer públicas. No tengo recomendaciones; sería, como mínimo, poco inteligente pensar que estoy por encima de todos estos problemas cuando soy parte de esta sociedad. Muy por el contrario, estoy embebido en ellos. Sin embargo, creo firmemente que a partir de la toma de conciencia muchas cosas podrían cambiar. Solo es cuestión de tener ganas y voluntad para emprender el camino de la metamorfosis, que no suele ser el más fácil pero si el que más satisfacciones genera.
¿Estarían dispuestos a recorrerlo?
martes, 17 de mayo de 2011
El Ciclo
Habían pasado tres días desde los acontecimiento que lo llevaron a estar sentado en aquel banco. Si bien aquella serie de sucesos aun vagaba por su cabeza, los recuerdos era difusos y aún trataba de ordenarlos.
Le parecía que tan solo habían transcurrido unas horas desde aquella fiesta de inauguración que decidió dar en su nuevo departamento.
La convocatoria había sido un éxito. Su nuevo y pequeño hogar estaba abarrotado de gente. No faltaron comida, alcohol, ni risas.
Sin embargo, cuando las luces de un nuevo día comenzaron a asomar vio un movimiento extraño en el baño. Dos hombres con la cara cubierta discutían airadamente. Enseguida una sensación de peligro, hacía mucho tiempo olvidada, broto en su interior. Decidido a abandonar la fiesta dio un giro de 180 grados solo para descubrir que junto a la puerta de salida se había apostado otro sujeto de similar vestimenta. El peligro derivo en temor, exteriorizándose en sudor y jadeos. Solo le quedaba una oportunidad, salir por el balcón, lo que implicaba saltar a la calle. Por suerte había comprado un primer piso, pensó horas después estando más tranquilo. Sin dilación corrió hacia su habitación y cerró la puerta con llave. Los invitados lo miraron extrañados, pero la rapidez de los acontecimientos no les dio oportunidad de realizar pregunta alguna. Salió por la puerta balcón y trepo la reja que lo separaba del abismo. Se colgó de la cornisa y se dejo caer. Afortunadamente no tuvo que lamentar heridas graves, excepto una torcedura de tobillo que aun le duele.
Una vez en la calle corrió hacia la esquina, dobló, y se perdió entre la gran cantidad de gente del barrio convocada por el corso de carnaval. Nunca se sintió tan contento de estar en aquel espectáculo al cual, en general, repudiaba. Sin embargo la paranoia iba en aumento, y no dejó ni por un segundo de observar hacia todos lados, preparándose para un ataque que intuía próximo.
Un poco desorientado y con los sentidos agudizados, le basto creer ver a un hombre mirándolo fijamente para retomar la huida. Esta vez atravesó la multitud, bordeo el escenario donde la murga del barrio estaba ejecutando su show y se encontró solo corriendo por una avenida desierta. Al llegar a la plaza Los Alpes se dispuesto a seguir su escape, le llamó la atención un peculiar grupo de personas debatiendo acaloradamente. Reconoció a su padre entre ellos. Se acercó y muy alterado le dijo: "papá me están persiguiendo". La respuesta fue desconcertante: "¿es que no te das cuenta? Cada 40 años vuelve a pasar".
Una bella mujer que observaba la situación a cierta distancia comenzó a acercarse. Al verla su padre dijo: "ahora tenés que decidir". La mujer le tendió la mano, y fue entonces cuando se percato de que debía elegir si la acompañaba o no. Algo dubitativo tomó su mano y la acompañó hasta la iglesia que se encontraba en frente de la plaza. Ingresaron y se sentaron en el último banco. En un gesto casi instintivo descansó su cabeza en el hombro de la misteriosa dama. Se sintió algo mareado y cerró sus ojos.
Lo despertó el frio viento y el piar de las aves. La plaza desierta. Mañana de otoño, tres días después.
viernes, 13 de mayo de 2011
Rock Animal
¿Alguna vez pensaron en la estrecha relación que tiene el rock con los animales? Desde el surgimiento del estilo se han utilizado a distintos miembros del reino animal como fuente de inspiración, como vía para construir metáforas o simplemente para reconocer su importante papel en nuestra vida.
Algunas bandas, tanto locales como foráneas, le deben sus nombres. Tal es el caso de The Animals, banda inglesa liderada por Eric Burdon, que fue la primera en hacer pie en EEUU de la mano de su hit The House of the Rising Sun, de los galeses de Super Furry Animlas; o de varias de las bandas de rock de acá, como Los Gatos, Pescado Rabioso y Los Pericos; y algunas que demuestran que a la hora de elegir nombres los roedores pican en punta, siendo el caso de Los Ratones Paranoicos, Los Súper Ratones y Rata Blanca. Los insectos también fueron tenidos en cuenta por Los Piojos y La Mosca.

Y si de psicodelia y animales hablamos, es obligado mencionar el tema que Jefferson Airplane editaría en 1967, White Rabbit, inspirada en el libro de Lewis Carroll, Alicia en el País de las Maravillas. Libro que también inspiró a Serú Girán a componer Canción de Alicia en el País, en la cual Charly, al realizar una descripción de lo que pasaba en nuestro país en esos años (la composición es de 1980) dice "ya no hay morsas, ni tortugas", refiriéndose al presidente de facto Onganía y al presidente constitucional Illia respectivamente.

Si nos remontamos a los inicios del rock en la Argentina, vamos a encontrar varios ejemplos más. Quizá el más emblemático sea El Oso, tema compuesto por Moris en 1970, que describe los avatares de un oso que vivía en el bosque y es capturado por un circo, y que habla de la condición humana más de lo aparenta a simple escucha. En 1973, Sui Generis, nos propone ingresar en el terreno de la fábula con Un Hada, un Cisne, que relata una triste historia de amor entre, justamente, un hada y un cisne. Aquelarre también elegiría hablar de aves en un tema de su disco Brumas de 1974; me refiero a Aves Rapaces, una certera observación sobre la realidad imperante en nuestra pampas.
Otros grandes del rock nacional también elegirían ciertos animales para protagonizar alguno de sus temas. Pappo aportaría El Gato de la Calle Negra ("si te cruzas por delante, mala suerte das") y Abelardo el Pollo; Charly García compondría Los Dinosaurios (utilizando estos animales extintos para hablar de los desaparecidos); Divididos nos describiría a un topo avant-garde que tiene la ilusión de no laburar más en Vida de Topo; y Andrés Calamaro utilizaría a El Salmón para simbolizar su costumbre de nadar contra la corriente, titulando a un disco quíntuple y al primer corte del mismo.
Un caso atípico es el de Moby Dick, canción instrumental de Led Zeppelin, inspirada en la novela homónima de Herman Melville, que narra la historia del capitán Ahab obsesionado por dar muerte a una gran ballena blanca.
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Portada de Paul is Live, 1993. |
También hay algunos discos cuyos títulos o portadas hacen referencia a animales, como es el caso de Perros, perros y perros, tercer larga duración de Los Caballeros de la Quema; Weasels Ripped my Flesh (Comadrejas desgarraron mi carne) de Frank Zappa; Paul is Live de Paul McCartney, en cuya foto de tapa se puede ver a Paul cruzar la calle al estilo de Abbey Road junto con su perra; o Atom Heart Mother de Pink Floyd, cuya portada está ilustrada por una vaca, cortesía de la gente de Hypgnosis, que tendría a cargo del diseño de varias de las tapas del grupo.
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Portada de Atom Heart Mother, 1970. |
Para finalizar, me voy a referir a un disco que probablemente sea el que más lejos llevó la metáfora de los animales en el mundo del rock. Me estoy refiriendo al LP Animals, de Pink Floyd, editado en el año 1977. El larga duración gira en torno a un concepto acuñado por Roger Waters que, probablemente inspirado en el clásico de George Orwell, Animal Farm (Rebelión en la granja), divide a la sociedad en Perros, Cerdos y Ovejas. Los primeros representarían a los encargados de hacer cumplir la ley, los segundes a los gobernantes, y los terceros a simples peones sin control sobre sus vidas. Sus cinco temas se titulan: Pigs on the wind 1, Dogs, Pigs, Sheep, y Pigs on the wind 2. La portada del disco muestra una fábrica con sus chimeneas humeantes y un globo de un cerdo flotando entre las nubes de hollín.
En la historia del rock hay innumerables referencias a animales. Aquí solo he recorrido algunos ejemplos.
sábado, 7 de mayo de 2011
El Tiempo ¿está de mi lado?
"Time is on my side, yes it is"
Time is on my side, 1964, Rolling Stones
"Tired of lying in the sunshine staying home to watch the rain
And you are young and life is long and there is time to kill today
And then one day you find ten years have got behind you
No one told you when to run, you missed the starting gun"
Time, 1973, Pink Floyd

A mí me gusta entender al tiempo de dos maneras. Por un lado es una construcción social, una forma de poner orden a la vida en sociedad. Un sistema de medida que un día fue ideado en aras de la organización. Así, el tiempo y su medida, a la vez que sistema organizativo, deviene en un importante elemento de opresión y encarcelamiento del espíritu. Lo que en principio puede ser algo positivo, ha erigido con el correr de los años una nuevo tirano, el reloj.
Es preciso que nos detengamos solo un momento para analizar hasta qué punto este fenómeno rige nuestra vida cotidiana. Tenemos un horario para levantarnos, otro de trabajo, otro para actividades extra. Corremos de un lugar al otro con el fin de llegar "a tiempo". Vivimos pendientes de su paso, del correr de la agujas del reloj.
Estamos tan preocupados por cumplir nuestra rutina, con sus horarios preestablecidos, que olvidamos el elemento más dramático relacionado con el tiempo. Su escasez, su finitud, por lo menos desde el punto de vista de un simple ser vivo del planeta Tierra.
Es esta característica la que más nos atormenta, la que nos obliga a seleccionar ciertos caminos, en detrimento de otros, no siempre mutuamente excluyentes, la que plantea uno de los únicos desafíos en los que el ser humano está condenado a la derrota, del cual no se puede escapar.

Por otra parte, podemos entender al tiempo y su transcurso como una simple (y a su vez incomprensiblemente compleja) percepción subjetiva, que depende muchas veces de nuestros estados de ánimo, preferencias o del tipo de actividad que estemos desarrollando. Esta es la razón por la cual, ante una determinada medida de tiempo objetiva (por ejemplo una hora) las reacciones de distintos sujetos diferirán, pareciéndoles a algunos de ellos larga y a otros corta.

miércoles, 4 de mayo de 2011
Una muerte más en nombre de la paz
Y un buen día nos vamos a acostar (o nos levantamos) con el anuncio de Obama sobre la muerte de Osama. La muerte del hombre considerado el mayor responsable de los atentados del 11-S produjo manifestaciones callejeras de alegría en varias ciudades importantes del gran hermano del norte. Sin embargo, este anuncio me genera varias dudas.
En primer lugar, aun no han mostrado el cuerpo, y han trascendido rumores de que supuestamente lo habrían tirado al mar o incluso enterrado. Esto no hace más que sumir en un manto de sospechas al anuncio.
Por otro lado, la organización de la que Bin Laden era cabeza visible, cuenta con una gran estructura descentralizada e importante capacidad logística y de planeamiento. Resulta, cuanto menos, poco probable que cese en su accionar. Es más esperable que genere desde su seno una respuesta a la muerte de su líder. No por nada las recomendaciones de elevar las medidas de seguridad se multiplican entre las embajadas, aeropuertos, etc., estadounidenses y de sus principales aliados.
Es irrisorio o directamente una mentira flagrante afirmar que esta muerte es un paso adelante en la lucha por arribar a la paz mundial, o que se ha hecho justicia. La justicia debe darse en los tribunales, ninguna acción beligerante es justa.
Es, como mínimo, curioso (por no usar otro apelativo) el hecho de que un reciente Nobel de la Paz anuncie una muerte como algo positivo.
Siguiendo con mi línea argumental, ni siquiera podemos estar seguros de que Osama haya sido responsable de los atentados del 11-S. Se han urdido un tendal de teorías conspirativas, muchas de ellas apuntando al autoatentado como manera de encontrar un enemigo que justifique ciertas medidas de seguridad, guerras y propague la paranoia en el país, con la firme creencia de que un pueblo presa del miedo es mas dominable.
No hay que olvidar tampoco, que el surgimiento de líderes negativos como Bin Laden responde a fracturas, tanto geográficas como ideológicas en distintas naciones de Cercano Oriente. Y que muchas veces fueron incentivadas, financiadas y armadas por el propio gobierno norteamericano.
Por ultimo quería destacar el mensaje ambiguo, y el dilema ético que genera ver a la gente manifestando su alegría en las calles de ciudades importantes como Washington o Nueva York. ¿Está bien sentirse feliz por una muerte? No nos corresponde condenarlos, tampoco juzgarlos, ni mucho menos justificarlos. ¿Cómo reaccionaría el pueblo argentino si muere alguno de sus personajes más oscuros y odiados?
Ante estas preguntas, y la correspondiente ausencia de respuestas, la duda sigue siendo mi principal sentimiento con respecto a la muerte anunciada el lunes pasado, y a sus posibles consecuencias alrededor del mundo.
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